SIMBOLISMO CONSTRUCTOR: DE CATEDRALES AL MUNDO INTERNO

Rep:. Logia Conde Saint Germain Nº 8

SIMBOLISMO CONSTRUCTOR: DE CATEDRALES AL MUNDO INTERNO

Confieso que ha sido una tarea difícil, la investigación y el estudio de las Catedrales y su vinculación con el mundo interno. Por ello, no me propongo analizar aquí el origen de las Catedrales ni mucho menos dilucidar el misterio que de ellas se deriva. Al respecto confieso mi incapacidad y deseo que los presentes puedan sacar el mejor provecho a esta sucinta interpretación de un tema lleno de significados, historias y misterios que aún les cuesta descifrar a los historiadores.

Y es que, la impresión que dejan las Catedrales a quien las admira, dejan sin palabras a cualquiera. Son verdaderos libros de imágenes que se levantan principalmente en las plazas y que despliegan hasta el cielo sus hojas esculpidas en piedras por verdaderos maestros que dejaron manuscritos e impresos, frases en bajos  relieves y pensamientos en ojivas.

La lengua de las piedras que habla este arte es a la vez, clara y sublime, habla tanto al alma de los más humildes como a la de los más cultos en un lenguaje sencillo, que no hace sino aumentar las emociones que las catedrales nos producen por sí sola.

En particular la arquitectura gótica se considera como el Santuario de la tradición, de la ciencia y del arte, como lo indica Fulcanelli en su Libro El Misterio de las Catedrales:    “la Catedral Gótica no debe ser contemplada como una obra únicamente dedicada al cristianismo, sino más bien como una basta concreción de ideas, de tendencias y de fe populares, como un todo perfecto al que podamos acudir sin temor cuando tratamos de conocer el pensamiento de nuestros antepasados, en todos los terrenos: religioso, laico, filosófico o social”.

Si bien, la catedral invita al recogimiento, al silencio y la oración, también están presentes en ella, la pompa, ornamentación y la estructura que no hacen sino reflejar con extraordinaria fuerza, sensaciones menos edificantes, un ambiente más laico y casi pagano.

En este escenario, la fe incondicional de la multitud ha crecido fervientemente y se ha robustecido a lo largo de la historia, pero también en ella se han manifestado las grandes preocupaciones de las personas como lo pueden ser, la afirmación de la conciencia, de la voluntad, entre otras.

Ha sido también el refugio hospitalario para los infortunios. Por ejemplo, los enfermos que iban a Notre Dame de París a implorar a Dios alivio para sus sufrimientos permanecían allí hasta su curación completa y se les destinaba una capilla, situada cerca de la segunda puerta y que estaba iluminada por seis lámparas.

Es asilo inviolable de los perseguidos y sepulcro de los difuntos ilustres. E incluso los alquimistas del siglo XV se reunían en ella, todas las semanas el día de Saturno. En definitiva, es una ciudad dentro de la ciudad.

La Masonería en las Catedrales Góticas

Ante todo, se deben decir algunas palabras sobre el término gótico aplicado al arte francés que impuso sus normas a todas las producciones de la Edad Media y cuya irradiación se extiende desde el siglo XII al XV.

Para algunos, el término proviene de los Godos, antiguo pueblo de Germania; para otros esta forma de arte, cuya originalidad y extraordinaria singularidad era motivo de escándalo en los siglos XII y XVIII, en son de burla, le dieron el sentido de bárbaro, imbuidos por los principios decadentes del Renacimiento.

Lo cierto es que el a pesar de los esfuerzos de la Academia por sustituirla por la de arte ojival, la expresión arte gótico se ha mantenido.

“Para nosotros, el arte gótico no es más que una deformación ortográfica de la palabra argótico, la Catedral es una obra de arte got o de argot es decir “una lengua particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los que le rodean”, es pues, una cábala hablada.

“Los orgotiers, ósea, los que utilizaban este lenguaje, son descendientes herméticos de los argo-nautas, los cuales mandaban la nave Argos, y hablaban lengua argótica mientras bogaban hacia las riberas afortunadas de Cólquida en busca del famoso Vellocino de Oro”[i]. Entre ellos se dice que los Freemasons, o francmasones de la Edad Media que edificaron las obras argóticas que admiramos en la actualidad hablaban el argot. Sin embargo, el lenguaje argot se ha reducido a una minoría de individuos que viven fuera de las leyes dictadas, de las convenciones y, se les ha llegado a aplicar el epíteto de voyous, es decir, videntes o hijos del sol. El arte gótico es, en efecto el art got, el arte de la Luz o del Espíritu.

Se dice además, que el argot es una de las formas derivadas del lenguaje de los pájaros, madre y decana de todas las demás. Es aquella que revela Jesús a sus apóstoles, al enviarles su Espíritu Santo. Es aquella que devela el misterio de las cosas y descorre el velo de las verdades más ocultas. Los antiguos incas la llamaban lenguaje de corte porque daba la clave de una doble ciencia, la ciencia sagrada y la ciencia profana, y así este lenguaje sigue apareciendo en muchas otras culturas.

La construcción de las Catedrales suponía una empresa colectiva muy compleja, colectiva y costosa. Al frente se hallaba un personaje clave: el arquitecto, denominado “maestro de obras”, el cual era artífice del templo, poseía amplios conocimientos técnicos y gozaba de gran prestigio social. También era quien contrataba a los operarios que intervenían en los trabajos que podían ser entre 300 a un millar de personas de diversos oficios y con distintos niveles de cualificación. Los porteadores eran a menudo jornaleros. Los amasadores de mortero, en cambio recibían una paga * más elevada. En lo más alto del escalafón estaban los maçons, maestros y albañiles, encargados de dar forma a la piedra, desbastarla y poner cada sillar en su sitio.

El masón era un trabajador libre o franco: de ahí el término francés francmacon. El oficio se acabó de perfilar coincidiendo con el apogeo de la arquitectura gótica, a  lo largo de los siglos XII y sobre todo en el siglo XIII. Su carrera comenzaba a los 13 o 14 años. Se le asignaban los trabajos más sencillos, bajo la supervisión de expertos. Tras cinco años de faena,  y siempre que demostrara dominio en su oficio, se convertía en oficial, titulo que otorgaba el maestro

Su prestigio se reflejaba en la costumbre de firmar sus sillares con signos específicos, las marcas de cantero, cuyo significado sigue debatiéndose entre los historiadores.

Una catedral era la suma de las especialidades, pero de todas ellas la de masones era la principal. Era un masón quien colocaba la primera piedra del edificio, la angular o de fundación y también era un masón quien culminaba la obra con la colocación de la última piedra, la angular o clave de bóveda.

Siendo la masonería una tradición procedente de las antiguas organizaciones y gremios iniciáticos de constructores “libres”, ésta concibe a la Unidad como un Arquitecto, un ordenador supremo, y al cosmos como su obra más perfecta, lo que hace posible que el hombre pueda tomar a esta última como un símbolo vivo que le permita reconocer los principios que determina todo lo creado, tanto en el cielo como en la tierra.

Si la masonería, es llamada Arte Real, este no consiste en otra cosa que, en la actualización, en el plano del hombre y de la vida, de todas las posibles manifestaciones contenidas eternamente en la mente y la sabiduría del creador, que todo lo dispuso en número, peso y medida. Lo que nos da la idea de un modelo creativo en cualquier acto humano, en especial en la obra de arte que cualquier hombre pueda hacer consigo mismo en su interior.

En el caso de la arquitectura gótica, el simbolismo constructor está presente en todo momento. En el caso de la Catedral de Notre-Dame de Paris, se manifiesta como una glorificación muda, pero gráfica, de la antigua ciencia de Hermes, de la que, por ejemplo, ha sabido conservar a uno de los antiguos artífices, en efecto esta Catedral guarda a su alquimista. Esplendida figura de un viejo maestro que escruta, interroga ansioso y atento, la evolución de la vida mineral, y contempla al fin, deslumbrado, la obra que sólo su fe le había dejado entrever.

Este proceso creativo, manifestado en la arquitectura gótica, lleno de símbolos que los maestros constructores supieron ordenar y distribuir, demuestran la fuerza real, pero oculta que desarrollaron sin tregua en la construcción de las catedrales.

Fuerza, que los masones, en especial los aprendices debemos mantener para llevar el “proceso creativo”, ese “gesto divino y misterioso” que es vehiculado por la ritualización de determinadas palabras y gestos sagrados (signos y toques), que no son sino la propia energía del símbolo puesta en acción, lo que hace posible que la idea que el propio símbolo transmite se revele con toda su fuerza y fecunde al ser que la recibe, llevándolo de las tinieblas a la luz.

Y para eso se requiere del código simbólico, que no es algo que pueda aprehenderse desde el exterior, como si uno mismo no estuviera incluido. El hombre comienza a tener conciencia de su ser en el mundo cuando comprende que él es un símbolo. En realidad, todo rito es un símbolo, o idea en movimiento – una vivencia”[ii].

En masonería ese trabajo consiste en desbastar y perfeccionar la “piedra bruta” que es el símbolo del aprendiz, quien usa el mazo y el cincel como herramientas que simbolizan la fuerza de la voluntad y la facultad de la inteligencia en su intento de ir de las tinieblas a la luz.

Pero, como dice el Kybalión, la posesión del nuevo conocimiento que se adquiera, si no va acompañada por una manifestación y expresión en la práctica y en la obra, es lo mismo que enterrar metales preciosos: una cosa vana e inútil.

CONCLUSIONES

¿Se puede aspirar al gran secreto, de lo que es el símbolo si no armonizamos nuestra existencia al estudio o a la investigación? Y, ¿si no acompañamos la posesión de este nuevo conocimiento a la manifestación y expresión en la práctica?

El estudio de la arquitectura gótica en la construcción de las catedrales me abrió un sinfín de interrogantes y de temas por descubrir, sin duda, en su construcción ningún elemento estuvo al azar y requeriré de mucho tiempo si quiero escudriñar el significado. Por ejemplo, el CRISOL, la CRUZ, el LABERINTO DE LAS CATEDRALES, la UBICACIÓN, el ROSETÓN, la VIRGEN, entre tantos otros símbolos, sería absurdo vincularlos únicamente a la religión católica, ya que también se relacionan con la alquimia, la cábala y el hermetismo.

La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos y no basta con ser estudioso, activo o perseverante si se carece de un principio sólido y de base concreta; el entusiasmo no debe cegar la razón.

Convendría entonces, frente a tantas teorías, libros e hipótesis llevar a cabo un proceso de indiferencia absoluta. Lo esencial es que el nuevo conocimiento guie nuestra fe hacia la certeza, hacia la verdad positiva y científica.

Y si el nuevo conocimiento no es capaz de elevarnos, de instruirnos, de acercarnos al creador, entonces el trabajo habrá sido inútil.

Por último, les confieso que desconocía la gran cantidad de información que existe sobre la construcción de las catedrales, por ello este trabajo tuvo una singular complejidad para mí. Pero también está llena de descubrimientos que me invitan a buscar la verdad, mi verdad, frente al símbolo; camino que no sólo irán cimentando mis facultades de observación y de razonamiento, sino también el SILENCIO y el CALLAR frente a temas que desconozco, porque todo lo que pueda concluir ya en alguna parte. Nosotros no inventamos nada, no creamos nada. Todo está en todo.

Es mi palabra

Q:.H:. E.V. M.

BIBLIOGRAFÍA

El Misterio de las Catedrales Fulcanelli
El Kybalion Editorial sirio
Revista de la Gran Logia Mixta de Chile Año 2003
https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/masones-los-constructores-de-catedrales_6237/6#slide-5 Pagina WEB

[i] El misterio de las Catedrales Fulcanelli pag.43

[ii] Revista de la Gran Logia Mixta de Chile

Tags: ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *