LA PIEDRA FILOSOFAL

Rep:. Logia Conde Saint Germain Nº 8

LA PIEDRA FILOSOFAL

La piedra filosofal es una sustancia alquímica legendaria que se dice que es capaz de convertir los metales bases, tales como el plomo en oro (chrysopoeia) o plata. Ocasionalmente, también se creía ser un elixir de la vida, útil para el rejuvenecimiento y, posiblemente, para el logro de la inmortalidad. Durante muchos siglos, fue el objetivo más codiciado en la alquimia. La piedra filosofal era el símbolo central de la terminología mística de la alquimia, que simboliza la perfección en su máxima expresión, la iluminación y la felicidad celestial. Los esfuerzos para descubrir la piedra filosofal eran conocidos como los Opus magnum (“Gran Obra”).

No pretendemos explicar aquí el secreto de la transmutación de los metales, ya que nadie lo ha revelado jamás a los profanos y, fueron muy pocos los iniciados que realmente pudieron comprenderlo. Fue el encuentro con esa piedra filosofal que permitió a algunos y aún, acepta hoy, verdaderos Maestros de la Conciencia, dar instrucciones a los elementales para que construyan en la frecuencia y el tenor adecuados, la materia visible, que se materialice a voluntad de su operador y que más allá de una transmutación de lo impuro en noble, crea de la aparente nada, el contenido a ser manifestado. (Sai Baba).

Si la materia y la energía se interrelacionan como lo demostrara Einstein, la milagrosa y legendaria búsqueda habría finalizado con su fórmula que determina a toda energía, en forma aproximada, como un producto de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Esta ecuación un tanto compleja de la física cuántica, establece que la masa (materia) y la energía son expresiones duales de la misma sustancia universal. Somos, principalmente, un cuerpo de energía que tiene un aspecto físico.

Sin embargo, los alquimistas continúan como los masones, en una búsqueda moral que transmute los vicios en virtudes y que luego por una práctica hermética, interna, mística, oculta, individual, precisa e inalterable; permite al hombre establecer en vida un conocimiento exacto de lo que ocurrirá más allá de la muerte, para superar el temor a ésta, comprender su trascendencia y ganar por el trabajo y la obra social, un lugar digno en el consenso de la arquitectura universal.

Si los alquimistas buscan en la práctica una transmutación de los metales viles (cobre, estaño, hierro y plomo) en metales nobles (oro y plata);  los masones mediante rituales, grados, ceremonias, etc., inducen la perfección de una arquitectura especializada para armonizarla en la esfera social, ambos sin embargo anclan en la magia de una ciencia oculta, la búsqueda profunda de dos conceptos trascendentes, la Piedra Filosofal de los alquimistas y el Logos de los hombres de la escuadra y el compás.

La masonería, como la alquimia, no son ciencias de fácil comprensión. Su carácter gradual las hace de difícil acceso al todo conceptual. Más allá del simbolismo, en ambas reside un carácter lúdico que nos incita a recorrer todo el camino; y después de haberlo transitado, a detenernos para comprender conceptos sutiles que se esconden detrás de cada símbolo, signo, palabra, tocamiento o ritual.

El significado y estudio profundo de la piedra filosofal ha sido conocido y desconocido por siglos en nuestra Orden. Desde tiempos inmemoriales ha estado la piedra olvidada, como piedra bruta, muy cerca de la Columna B (de la fuerza). La piedra masónica es el “lapis philosophorum” de la sagrada alquimia. La piedra es vitrum (vidrio) y está cerrada herméticamente. Es piedra de la sabiduría elemental como “vitrum malleabile” (vidrio maleable). Se conoce también como alma metálica, dragón y serpiente mercurial, es la antigua Ouroborus que se muerde la cola. La gran obra (Magnus Opus) es el magisterio del trabajo masónico con la escuadra y el compás. ¡Labora y ora!

La piedra de la alquimia, es sinónimo y ejemplo práctico de la materia prima de la obra. En masonería corresponde a la piedra bruta. La piedra filosofal, designa el producto terminado en la obra alquímica. En masonería es la piedra pulida o cúbica. La piedra tiene su asiento en la base, el Meru Merudanda, cerca del principio de la montaña, en las raíces del árbol Kabbalístico Sagrado. “La sabiduría humana es el fruto del árbol de la vida”, decía Michael Maier. Purificar, transformar, enaltecer los aspectos potenciales de la piedra.

“Y sean cualesquiera los nombres que los filósofos han dado a la piedra, se refieren siempre a una sustancia, es decir al agua en donde todo “nace” y en la que todo “está contenido”; la cual domina todo, en la que se sufre equivocaciones y en la que se corrige la equivocación misma”

El agua filosofal y la piedra son la primera materia de la Gran Obra. El “agua permanens” es la forma ígnea del agua verdadera y el agua de los filósofos es el fuego. Es el “agua que no moja las manos”. Señor Zadith afirmaba: “Nuestro fuego es agua”… ´La piedra nuestra es fuego salido del fuego y se convertirá en fuego, y su alma vive en el fuego”. Aristóteles añadía: “Elige para ti como piedra la que hace en las coronas de los reyes que éstos sean venerados…pues esta piedra está cerca del fuego”. ¡Transformaos en piedras filosóficas vivientes!. Todos los que trabajan con cuarzos deben estudiar alquimia, para que así su trabajo se dirija con mucha seriedad y verdadera profundidad. Así jamás les faltará la esencia del trabajo Masónico.

Es de la piedra que brota la chispa neumática, y fluye también el agua sanadora según Carl G. Jung. En el Rosarium Philosophorum se comenta: “Es el agua la que mata y vivifica (resucita)”. Ella tiene la propiedad de transmutar los metales más comunes en el extraordinario y potente Oro Alquímico. El Magnum Opus intenta encontrar la medicina universal, la panacea que al ser sublimada se transforma en la Fuente de la Juventud, en el Elixir de larga vida y en la llave de la Inmortalidad. Aquí está el sentido esotérico del viaje de Gilgamesh…El adepto (el que ha conseguido) recibirá al Gran Arquitecto del Universo, la Iluminación, la Omnisciencia, Omnipotencia y el Gozo del Amor Divino. ¡Amor a la humanidad! ¡Paz!.

Para trabajar la piedra es esencial viajar hasta el lugar de la “mina”, la obra debe comenzar en primavera “bajo los signos de Aries, Tauro o Géminis”. Hermes Trismegisto nos brinda amorosamente la clave en su Piedra Esmeralda…es tiempo de juntar o reunir piedras (Eclesiastés 3:5).

La piedra masónica tiene cuatro lados. Es la esmeralda de los sabios. La piedra pulida es el manantial de alegría, la perfección consumada de sabiduría, el poder puro y curativo de la madre tierra. El trabajo es arduo, constante e interno. Jean Palou, investigador masónico se refiere a la piedra de la siguiente forma:

 “La piedra bruta queda como uno de los símbolos fundamentales de la francmasonería. De manera general, los autores masónicos han transformado ese símbolo en una alegoría moral, muy a menudo utilitaria. Ellos asimilan el nuevo masón, el aprendiz, a una piedra bruta, que le será necesario trabajar a él mismo y sobre sí mismo mediante una tarea constante, puramente interior…la piedra bruta (el aprendiz) es una individualidad…que deberá desembarazarse en fin de todas sus asperezas (la piedra tallada) e integrarse en el edificio global que forma la masonería”. 

La piedra es una hierofanía pues revela una realidad sagrada, oculta, que la trasciende. Decían los antiguos alquimistas: “Visita interiora Térrea Rectificando que Invenies Occultum Lapidem”; (Visita el interior de la tierra y purificando encontrarás la piedra-filosofal).

Este es el famoso vitriolo de los alquimistas. En la piedra se encuentra la esencia de la floración áurea o flor de oro. El “lapis philosophorum” o piedra de los filósofos es el rebis o “cosa doble”. Es mercurio como “agua permanens” y argentum vivum o plata. Para los antiguos, según Carl G. Jung, la piedra era conocida por diversos nombres: “agua nostra, mercurios vivus, argentum vivum, vinum ardens, agua vitae, succus, lunarie”.

La materia de la piedra es la esencial sustancia de la transformación o del arcano, su base está en el “lugar germinal del cuerpo de diamantes en la floración áurea”. Azoth, es uno de los nombres simbólicos de la piedra. ¡Nuestra piedra procede de los cuatro elementos! La piedra no se puede fundir, ni penetrar, ni mezclar, sino que se vitrifica. Según Paracelso, era el “Nostoc” o sustancia del Arcano. El azufre, la sal y el mercurio, son sus componentes. Recordemos, que el agua filosofal y la piedra son una y la misma cosa como materia prima. “El recipiente es uno”, es una especie de útero o matriz de donde nacerá la piedra masónica maravillosa. ¡En ti hermano…en tu ser!

El agua es el mercurio de los filósofos. El recipiente de los filósofos es su agua. Para los antiguos alquimistas hablar del recipiente era entender bajo él “nuestra agua”, si de fuego entendían agua y si del horno, hablaban del agua. “El recipiente de (Hermes) es la medida de tu fuego”, la serpiente de la medicina es mercurio como sustancia salutífera fundamental que se forma y despierta en sí misma por el agua, devorando su propia naturaleza como Ouroborus o serpiente que se muerde la cola.

El cuerpo es el templo, decía San Pablo; es laboratorio y lugar donde se pone en práctica (operativo) las herramientas, lugar donde se coloca la piedra angular para levantar el templo verdadero consagrado a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo. El Buda revelaba el lugar del laboratorio Alquímico del templo. ¡En ti hermano…en tu ser!. “En verdad, amigo, os declaro que en este mismo cuerpo mortal como es, y no más alto que una torre, pero consciente y dotado de inteligencia se encuentra el mundo, su crecimiento, su declinación y el cambio que lleva a su vencimiento”. (Angutara, II, 48, Samyuta, 1, 62).

Leer, leer y releer, ahí está la naturaleza compleja del Arte de Hermes, la verdadera prueba iniciativa, orar y laborar, esta es otra llave. Ars Magna, Arte de fuego, recibido por la sagrada iniciación de boca a oído, objetivo purificador, transformador y regenerativo. Muy cerca de la yoga tántrico, más cerca de la gnosis-hermética. Respeto a los ciclos lunares, solares, a las estaciones, renovar los votos en los equinoccios y solsticios.. Es necesario meditar día y noche para buscar la piedra. El axioma de los sabios es el siguiente: 

“La naturaleza contiene a la naturaleza…la naturaleza se regocija en la naturaleza…la naturaleza excede a la naturaleza, ninguna naturaleza es enmendada, sino en su propia naturaleza”. 

Acto escrutador del arte, el juego de niños que es philosophia, es scientia, es sapiente. Paracelso confirmaba que: “El curso del cielo enseña el curso del régimen del fuego en el Athanor”. (Horno) (Paragranum, p. 77).  Aprender, comprender, conocer: 

El masón convertido en alquimista de la verdad, descubre la piedra filosofal del Logos, su poder, su uso y finalmente la consecuencia de, camino, verdad y vida que reside en ella. La Piedra Filosofal transforma todo a su alrededor, todo lo vil en noble, todo lo que toca lo purifica. Consciente de que el Logos reside en él y de que entre él y el Logos no hay diferencia, debe transformar los vicios (metales viles) en virtudes (metales nobles) y a los hombres en hermanos, a los ignorantes en sabios, a los hipócritas en sinceros y a los ambiciosos en humildes. Dueño del gran secreto reposa feliz y realizado.

La alquimia como la masonería nos enseña a transmutar lo negativo en positivo, el rojo terrenal en azul espiritual que comprenda el negro kármico para transmutarlo también en la blanca aceptación del plan divino. Nos presentan la superioridad del plano espiritual sobre la materia y la fuerza del intelecto sobre la fuerza orgánica del plano físico. Nos hacen ver que el poder de la fuerza no funciona sin la convicción de su eficacia y que la base de todo poder estriba en la creencia y firmeza que justifica su ejercicio, por el alto fin que se persigue.

En los inicios del estudio masónico, los elementos aire, tierra, agua y fuego deslizan una comprensión constitutiva del universo y en la alquimia, esos mismos elementos constituyen las letras que señalan los puntos cardinales: la A (aire) corresponde al Este, la D (tierra) al Oeste, la A (agua) al Norte y la M (fuego) al Sur. En el Este masónico reposa la sabiduría y en el Sur la ignorante oscuridad.

Nuestros viajes se inician con el fuego que enciende el segundo vigilante para que al pasar frente a las columnas del mundo físico (tierra), el viajero se vaya iluminando hacia el campo sutil que simboliza el Norte (agua-plata), donde el primer vigilante perfecciona el campo astral y quita las escorias que no deben llegar a las gradas del oriente, donde el Logos, La Piedra Filosofal, convierte los vicios en virtudes para transformar lo vil en noble. Los metales impuros en preciosos. El hombre en Dios, y… los elementales bajo el dominio de su arte materializador.

El alquimista Paracelso (1.493-1.541) afirmaba que así como el hombre tenía un cuerpo, un alma y un espíritu, el Cosmos tenía un cuerpo (el mundo visible), un alma invisible que lo habita y lo dirige y un espíritu que es Dios.

Finalmente podemos, decir como el incomparable Hermes: “Como es arriba es abajo, lo que ha sido antes, siempre será”. Quien devele a los Arcanos, conserva el camino y da frutos. El espíritu sopla donde quiera que vaya y nadie sabe ni de  dónde viene ni para dónde va y luego en su reflexión final nos comunicara el fuego de una interrogante ilimitada, puesto que el fuego secreto es fuego interior, pero a la vez es fuego cósmico y chamánico.

J. A. M. M:. M:.

BIBLIOGRAFÍA

  • La Piedra Filosofal. Aivanhov Omraam Mikhael.
  • Pequeño tratado sobre la Piedra Filosofal. Lambsprinck-
  • Tratado sobre la Piedra Filosofal. Santo Tomas de Aquino.
  • La Piedra Filosofal. Weor Samael
  • Alquimia y Masonería. Higuera Castellanos Victor.
  • La Piedra Masónica y la Alquímica. Cabello Reyes Victor.

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