EL SENTIDO INICIÁTICO.

Rep:. Logia Conde Saint Germain Nº 8

EL SENTIDO INICIÁTICO.

INTRODUCCIÓN.

Esta primera expresión de “El sentido iniciático”, nos lleva de inmediato a enfrentar dos dilemas fundamentales del desarrollo humano: la búsqueda de sentido de las cosas o la finalidad hacia la que se orientan las acciones morales y éticas como sentido de la vida; y el recorrido del camino iniciático que nos transporta a una nueva vida en un espacio y tiempo sagrado.

Todas las sociedades humanas, a través de todas las edades, han contemplado la iniciación del adolescente, es decir, el pasaje del niño o niña a la vida adulta, como un ritual importante de socialización y humanización integral del individuo, relacionado con la necesidad de superar definitivamente el destete y de hacerle adquirir todos los derechos biopsicosociales y culturales reconocidos al adulto en toda sociedad.

Este hecho se ha definido por la etnología como un rito de paso de tres fases: separación, marginalización y agregación, llamado iniciación, teniendo como función el paso de un status a otro.

Se relacionan tales ritos con la superación del miedo a la muerte, el renacimiento –a una nueva vida- y el crecimiento iniciático de los neófitos, es decir que se trata de una forma sintética de transmisión de los fundamentos -o lo que se juzga ser los fundamentos- de una cultura determinada, engendrando en el individuo púber una nueva identidad social.

Las escuelas iniciáticas plantean la iniciación como una vía de acceso al conocimiento, partiendo de un concepto integral del ser humano.  Este concepto, pretende relacionar por medio de representaciones, ciertas verdades fundamentales de la naturaleza y del individuo, que el mismo debe  descubrir personalmente mediante la observación  o por experiencias personales. 

La Francmasonería es heredera de una gran tradición iniciática, trayendo hasta hoy las antiguas enseñanzas que llevan hacia el conocimiento, insistiendo de manera específica en su aplicación para la construcción de una sociedad más humana  que facilite el desarrollo y crecimiento individual.

En relación al término de iniciación, existen muchas interpretaciones sobre el significado y empleo de la palabra iniciación. El origen etimológico viene del latín initiare, que tiene la misma procedencia de initium, inicio o comienzo, viniendo las dos de intere, ir dentro o ingresar.  Ambos términos proceden de la Antigua Roma, donde a los iniciados se le llamaba Mystae, es decir, misterio.

Toda iniciación mística, esotérica o simbólica representa en alguna medida la muerte y el renacer, a fin de transformar al sujeto que se inicia en una persona nueva, en la que se opera una profunda mutación moral y existencial.

La Francmasonería es una institución esencialmente iniciática, que quiere transformar al hombre o mujer en un nuevo ser digno y selecto que busca ante todo la verdad.

DESARROLLO:

A lo largo de nuestras vidas viviremos múltiples y extraordinarios ritos de paso e iniciaciones, nuestro primer viaje comienza al momento de nuestra gestación en la matriz nutricia del misterio de la vida, allí avanzaremos desde el mundo acuoso al mundo de la luz, dotados de los elementos que nos permiten incorporarnos a ser parte de la vida humana.

Nuestro segundo viaje, consistirá en aprender de nuestras vivencias con el mundo natural y el de los seres humanos, la magia del homo ludens. Nuestra niñez.

En nuestro tercer viaje (entre la adolescencia y juventud) descubriremos la esencia del homo sapiens y conjugaremos el verbo conocer, desde allí nos adentraremos una vez más en los misterios de la vida, la naturaleza y el espíritu, aquí emprenderemos y sentiremos la necesidad de Iniciarnos en los senderos de la vida interior.

Cada cual tiene, por tanto, que ser interiormente un iniciado, antes de que pueda tomar efectivamente la Iniciación correspondiente. Uno es un iniciado; nadie puede hacerlo un Iniciado.

Sin embargo, con la debida comprensión, cada Iniciación puede significar un paso de incalculable trascendencia en nuestra vida, y está concebida con esa finalidad. De ahí la necesidad de que comprendamos el verdadero propósito y sentido de la Iniciación  Masónica.

El camino evolutivo tiene para todos, sin excepción alguna, ciertas etapas bien definidas. Una Iniciación masónica ofrece, al que la toma y a los que participan en ella, una representación dramática de este proceso de realización del ser, con lo cual muestra un cuadro anticipado de este proceso. La Iniciación comprende solamente la primera etapa a recorrer, pues la limitación de nuestra mente no nos permite abarcar más. Pero ella nos muestra lo suficiente para que podamos prever lo que esa etapa encuadra y no andemos tan a ciegas.

Cada iniciación verdadera constituye un punto de síntesis alcanzado en nuestra vida y debe marcar el final de una etapa de superación y el comienzo de otra.

Recordemos brevemente este camino Iniciático:

Arranco una hoja fugaz a ese árbol de olvido árbol sin sombra; sagaz testigo del tiempo vivido.

Me pregunto a mi mismo si vivo las horas en vano si es mi destino el abismo si mudo mi piel de profano.

Cruzo el umbral titubeante alguien ayuda mi avance inseguro es un experto el acompañante me  infunde valor, camino seguro.

Siento una espada en mi pecho una cuerda que ciñe mi cuello la rodilla desnuda; voy algo maltrecho el corazón palpitante y un fuerte resuello.

Me preguntan qué es la virtud qué entiendo por vicio respondo: no hay similitud
uno hijo del ocio, aquella lo es del servicio.


Viajo entre ruidos y truenos por aire, por mar y por fuego.


Después de los viajes; momentos serenos viene la calma, llega el sosiego.

El agua engulló mis antiguas escorias el fuego consumió los vicios pasados me esperan más luchas y grandes victorias mi vida se aparta de los fracasados.

Fin de los viajes… ¡qué gran odisea! veo rostros que son de mi agrado la voz del maestro: ¡QUE LA LUZ SEA! inicio la busca del fuego sagrado.

Entonces, hablar de Sentido Iniciático, es hablar de un vía de transformación, de una senda de reencuentro con uno mismo, de un camino que nos conduce hacia el Ser interior. Algo que nos interpela, que quiere vivir, que nos reclama permanentemente de una u otra forma, que nos lleva hacia el amor, que nos llama a ser cada día más humanos, que nos empuja hacia la justicia y que nos encamina también hacia el deber ser de una sociedad más humanizada.

Este Sentido Iniciático, nos recuerda que la vida misma es el camino, que no hay otro camino que el de la vida y el de lo vivido, la practica del Arte del vivir.   En nuestra vivencia como aprendiz, debemos preocuparnos de nuestro aspecto moral, debido a que accede a un despertar de nuestra conciencia, es decir, para que tengamos la claridad suficiente para valorar con equidad nuestras potencialidades y reconocer con integridad nuestras debilidades.

A que, mediante la razón y la intuición, modifiquemos nuestra personalidad   haciéndonos  responsable de nuestros actos, que deben ser acorde con una moral inspirada en el bien común.

La primera enseñanza que uno aprende en lo iniciático, es que uno no puede cambiar una sociedad si uno no hace cuanto puede o debe por uno mismo.   Este acto interno, nos conduce a un plano de comprensión, donde reflexionamos sobre el sentido de nuestra existencia, sobre quién somos realmente.   En cierta forma, es un trabajo que requiere esfuerzo, constancia, tiempo y también humildad.  

El conócete a ti mismo, debe ser nuestra primera preocupación.   Llegar a conocerse, no cómo uno se imagina a si mismo sino como uno es realmente.   Es un trabajo que no culminamos nunca, saber lo que soy con todas sus simulación y dobleces.

El conócete a ti mismo, figuraba en el frontispicio del templo dedicado a Apolo en Delfos.   Esta máxima, es habitualmente asociada a Sócrates, quien la habría adoptado como un principio de su filosofía.

Dentro del concepto iniciático, con el simple hecho de pensar en cambiar y hacer tomar conciencia de nuestro estado actual y que puede cambiar humanizando nuestro actuar, se cumple la metamorfosis en nuestro ser, en busca de ser mejor.

Dentro de la formación iniciática, a la masonería no le interesa que todos sus integrantes piensen lo mismo, sino, que su objetivo sea generar personas libres e ilustradas, con un profundo sentido ético y humanitario, comprometido con su crecimiento espiritual y moral y con la comunidad que tanto requiere de mentes esclarecidas y voluntades animosas.   Que cada uno desarrolle su propio carácter, tenga su propia opinión sustentada en el conocimiento, y pueda llegar a la verdad teniendo como apoyo la razón.

La concepción del microcosmo que plantea la masonería, es la imagen de nuestro templo interno, que constituye la maravillosa aventura de nuestro carpe diem, es decir, aprovechar el día para vivir cada día la experiencia de una nueva iniciación, huyendo del vicio y practicando la virtud, como única fórmula de perfeccionamiento individual que puede transformar al masón.

En ese sentido, la masonería hace del hombre y la mujer  seres pensantes y dueños de sí mismos, permitiendo equilibrar su mente y su corazón.  De allí, que un masón admite todas las creencias, no para hacerla suya, sino para analizarla y efectuar   la alquimia correspondiente.

CONCLUSIONES:

Los ritos de la iniciación nos muestran el sentido de los pasos que debemos dar para recorrer esa próxima etapa del camino, facilitándonos con ello un progreso más rápido.

La Iniciación nos anticipa, pues, el futuro. Y, para que  esta ceremonia nos quede fielmente grabada en la memoria, nos hace ensayar, a través de su desenvolvimiento, el papel del drama que habremos de representar en la vida real en el futuro. Ella constituye, por tanto, un ensayo del drama de la vida, visto a través de la Masonería.

Para realizar esas comprobaciones en forma racional y evitar engañarnos es indispensable llevarlas a cabo con una mente abierta, desapasionada y libre de prejuicios. Para observar el cuadro de la vida, es necesario morir para volver a nacer.

Del mismo modo que un  árbol milenario, la raíz de nuestra existencia está firmemente arraigada en la tierra y no nos es fácil salir de ella y volver la atención a las energías que nos llegan de arriba, sin las cuales no podríamos vivir y de nada nos serviría la tierra.

Pero para progresar en el camino hacia la total liberación de nuestras limitaciones, es lógico que tengamos que desprendernos de esas ataduras mentales que limitan nuestra vida y dificultan los pasos que debemos dar hacia delante en la búsqueda de la verdad y el amor.

Nuestro proceso evolutivo se compone de un proceso gradual de cortar lazos y desprenderse de ataduras que limitan la vida. El camino está libre. El primer desapego en la primera etapa de la vida se produce al cortarse el cordón umbilical de la mater. El segundo, al desprenderse, paso a paso, de las ataduras de la materia.

Debido a que somos reproducciones del universo, que somos partes inseparables del mismo y que éste se halla dentro de nosotros, cada iniciación que realizamos en nuestro camino evolutivo constituye una iniciación universal, y todo el universo participa en ella.

De esta manera, nosotros los eternos aprendices, iniciaremos una y mil veces el “periplo que sigue indefinidamente, siempre en el mismo sentido partiendo de Occidente en dirección al Norte, para regresar luego de Oriente por la vía del Mediodía”, nuestro caminar será siempre “en espíritu y en verdad

Es mi palabra

J. A. M.

M. M.

Bibliografía:

-Jacqueline Clarac de Briceño

Centro de Investigaciones Etnológicas (CIET)

Universidad de Los Andes, Mérida

– M.:M.: Armando Zamora Canizalez

-W. L. C. (1967)  La Gran Búsqueda

Buenos Aires, Editorial Unidad. Pp. 131-152.

-Oswald Wirth. (1979) El Ideal Iniciático

Buenos Aires,  Kier, 2° edición

-Aportes del Q:.H:. LERG

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