¿CUÁL ES LA ESENCIA DE LA MASONERÍA EN EL SER HUMANO?

Rep:. Logia Conde Saint Germain Nº 8

¿CUÁL ES LA ESENCIA DE LA MASONERÍA EN EL SER HUMANO?

INTRODUCCIÓN

La vida es algo que nos  es  dado, que no elegimos,  así  como  no hemos elegido nacer, tampoco hemos elegido nuestras circunstancias. A partir de ahí hemos de fabricarnos a nosotros mismos, “vivir es decidir constantemente lo que vamos a ser”, es optar siempre entre diferentes posibilidades a futuro. “La libertad es el imperativo de nuestra vida”.

Por ello, para poder actuar con libertad creciente y no mecánicamente hemos de ser conscientes de la propia vida. Ser consciente es prestar atención, percatarse  y poner atención en la situación presente, en  lo que se está haciendo en el momento. (Ortega y Gasset)

Hay algo, llamémoslo lo humano, que constituye la esencia y, por eso mismo, la característica diferencial del hombre. Vanos han sido en el discurso de la historia del pensamiento los esfuerzos por definirlo. Quizá el hombre es un misterio para el hombre, un enigma indescifrable precisamente porque está demasiado cerca, porque está dentro de él. Pero, ¿podemos renunciar a saber lo que somos? O  ¿será mejor intentarlo, aunque quedemos a medio camino?. El viejo sabio Heráclito afirmó: “Me he buscado mí mismo.”

Nadie podría decir hoy que se ha logrado tan siquiera una aproximación satisfactoria. Sin embargo, por lo menos, se han podido diseñar dos procedimientos capaces de conducir a un mejor planteamiento del problema: uno pretende aprehender el ser del hombre, en cuanto es un ser que vive y configura su esencia a medida que se desliza su existencia, es el camino iniciado e indicado por Sócrates: “CONÓCETE A TI MISMO”; la otra vía quiere aprehender la esencia del hombre a través de las obras realizadas o de las que va haciendo el hombre en su continuo quehacer.

Muchas de estas interrogantes  nos  son dadas en nuestra INSTITUCIÓN, expresadas a través de sus símbolos y alegorías, y en gran parte nos son entregadas en nuestra ceremonia de INICIACIÓN, para que podamos descubrir nuestra propia esencia.

La pregunta que se trata de responder en este trabajo es: ¿cuál es la esencia de la masonería en el ser humano? Por lo tanto, primero deberemos dilucidar cuál es la esencia de la masonería, para luego dar respuesta a esta pregunta.

¿CUÁL ES LA ESENCIA DE LA MASONERÍA EN EL SER HUMANO?

La misma dificultad que encontramos en definir la esencia del hombre, la encontramos en responder la primera parte  de esta pregunta y  ésta  es definir la esencia de la masonería.

En efecto, la masonería se la define como una institución universal, esencialmente ética, filosófica e iniciática, cuya estructura tradicional la constituye un sistema educativo, tradicional y simbólico. Tiene por objeto la investigación de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad; trabajar por el mejoramiento moral y material, y por el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad, haciendo extensivos a todos los hombres los lazos fraternales que unen a los masones de todo el orbe. Como escuela de formación del ciudadano, enseña a sus miembros a vivir honradamente, obedecer las leyes de su país, practicar la justicia, amar a sus semejantes, y trabajar incesantemente por el bienestar de la humanidad. No es una secta ni un partido político. Exalta la virtud de la tolerancia y rechaza toda afirmación dogmática y todo fanatismo. Aleja de sus templos las discusiones de política partidista o de todo sectarismo religioso. Trata de hacer de un hombre bueno, un hombre mejor. Sustenta los postulados de libertad, igualdad y fraternidad y, en consecuencia, propugna la justicia social y combate los privilegios y la intolerancia.

De lo anterior se desprende que la Masonería es esencialmente ética, filosófica e iniciática. Ahora bien,  al realizar la pregunta  ¿cual es su esencia en el ser humano?, podríamos  responder,  ¿La ética? No, por cuanto la esencia de la ética requiere del estudio, y de una comprensión del individuo para que éste pueda actuar de acuerdo con ella. ¿La filosofía? Tampoco, porque exige del individuo una reflexión para tomar una posición para enfrentarse y pararse frente a la vida  y  comprender  la realidad.  Es decir, tanto la ética como la filosofía requieren del individuo una toma de conciencia, de un compromiso y de un trabajo previo para poder practicarlas. Y, ¿qué es lo que produce que el individuo tome conciencia y que adquiera este compromiso? La respuesta que da la masonería, en su verdadera esencia tradicional y universal, que es ser una escuela iniciática destinada al aprendizaje del perfeccionamiento humano, de la búsqueda incesante de la verdad y de la práctica de la virtud y la moral, de la ética en definitiva, es a través del PROCESO INICIÁTICO. Esa es la esencia de la masonería en el ser humano. Porque no es algo que deba buscar fuera de sí. Sino, por el contrario, es un trabajo esotérico en que todo dependerá de él y sólo de él.

La iniciación es la puerta que conduce a ingresar a un nuevo estado de moral o material, en el cual se inicia una nueva manera de ser o de vivir. Se necesita en otros términos, una palingenesia, un nacimiento o renacimiento, una transformación o transmutación del íntimo estado de nuestro ser, para efectivamente iniciarse, o ingresar en una nueva visión de la realidad. Pero, la iniciación propiamente tal, es sólo el inicio de este camino. Es el proceso iniciático, es decir, el continuo caminar, el trabajar con perseverancia, sin nunca dejar de avanzar, donde se expresa con mayor fuerza la esencia de la masonería en el ser humano.

¿PERO, CÓMO ACCEDEMOS A ESTE CAMBIO QUE NOS PROPONE LA MASONERÍA?

En primer lugar tomar conciencia, acceder al conocimiento, y lograr la libertad. El grado de aprendiz, como lo indica su nombre, se caracteriza por la facultad de aprehender y del esfuerzo que en esto mismo se ponga. La actitud de aprendizaje, es el principio y fundamento en que descansa todo progreso, dado que éste se efectúa precisamente reconociendo, asimilando y dominando todo aquello que uno logra aprehender.

Donde la conciencia es un percibirse asimismo en sus cualidades, en sus actos y sus cosas, es un percatarse de su propio pensamiento, tanto individual como en relación con el ámbito colectivo, y realzando esta última concepción, pues el hombre sólo se conoce asimismo en relación con los de su entorno, es en el ver o darse cuenta, es en la reflexión de lo que nos está ocurriendo en el diario vivir, es cuando vemos nuestro propio sentimiento, cuando tomamos conciencia de nuestra existencia, es allí donde nacen las preguntas: ¿de dónde vengo?, ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?, y ¿cuál es el significado de mi existencia?

Por su parte, el conocimiento nos brinda orientación en medio de nuestro mundo y en el conjunto del ser. Nos señala valores y desvalores, las posibilidades auténticas e inadecuadas, verdaderas y falsas de nuestro ser personal.  Somos nosotros quienes hemos de elegir y decidirnos.

En nuestra realización somos libres, y justamente porque lo somos, necesitamos el conocimiento como orientación, y desde luego, un conocimiento espiritual e intelectual que en el horizonte infinito del ser permita alcanzar la verdad y  distinguir lo verdadero de lo falso. Es siempre a través del conocimiento intelectual en que empieza  a abrirse el camino del ser y de su verdad, y que se presupone ocurre en toda libre autodeterminación. Más, cuando nos preguntamos dónde se cumple la autorrealización humana, dónde alcanza su plena realidad y validación, sin duda alguna que es en el libre albedrío y actuación. Ese es el motivo que la libertad del querer o el libre albedrío postule, como condición indispensable, la espiritualidad del conocimiento y, a la inversa, el conocimiento espiritual exige como correlato esencial el libre albedrío.

El primer principio que proclama la masonería es el de la libertad. La masonería tiende a la perfección moral del ser humano, y desde esa perfección a él le corresponde elegir. La libertad es el elemento esencial de la existencia humana. Está en el conjunto de toda nuestra vida, se realiza en el horizonte de nuestro mundo experimental y  cognoscitivo, concreto e histórico.

Esta génesis de libertad y conciencia está en la esencia de la masonería, lo expresa muy bien Spinoza, en su ÉTICA, “Nuestra alma obra ciertas cosas, pero parece ciertas otras, a saber: en cuanto tiene ideas adecuadas, obra necesariamente ciertas cosas, y en cuanto tiene ideas inadecuadas, parece necesariamente ciertas otras”. Para Spinoza, la actividad, la razón, la libertad, el bienestar, la alegría, y la perfección, están inseparablemente relacionadas, de la misma manera que la pasividad, la irracionalidad, la sumisión, la tristeza, la impotencia, y los esfuerzos se oponen a las demandas de la naturaleza humana.

Pero no hay que representar  el concepto de LIBERTAD sólo como aquel que se realiza con la expresividad y el peso de una decisión existencial, sino que también, y principalmente, se encuentra en aquellas situaciones que suceden en la naturalidad de las pequeñas decisiones cotidianas, y que en definitiva preparan al hombre para enfrentar aquellas más trascendentales que emergen de la propia esencia.

PERO, ¿POR QUÉ LA MASONERÍA EXPRESA LOS CONTENIDOS FILOSÓFICOS Y AXIOLÓGICOS DEL PENSAMIENTO EN SÍMBOLOS?

Como se expresó anteriormente, la Masonería es una institución universal, cuya estructura tradicional la constituye un sistema educativo, tradicional y simbólico, por lo tanto, es relevante que aprendamos a manejar este lenguaje.

A lo largo de la historia los problemas del lenguaje y de la expresión en general, atrajeron con mayor o menor intensidad el interés de los filósofos. Un sistema filosófico, una argumentación de apariencia coherente y lógica, pueden resultar falsos en sus conclusiones, en el caso de que  la razón de su falta de verdad puede estar en la lengua usada como instrumento al servicio de la deducción lógica.

El hombre emplea la palabra hablada y escrita para expresar el significado de lo que desea transmitir. Su lenguaje está lleno de símbolos y signos o imágenes. Aunque esta última carecen de significado en sí misma, y no hacen más que denotar los objetos a los que están vinculados. El signo siempre es menos que el concepto que representa. Por lo tanto, cuando el lenguaje que usamos está basado en signos para su expresión, entonces estaremos hablando en lenguaje señalativo.

Lo que llamamos símbolo, sin embargo, es un término, un nombre, una imagen, una herramienta que además de su significado corriente y obvio, posee connotaciones específicas, y representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros. Así que una palabra o imagen es simbólica cuando representa algo más que un significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto más amplio que no está definido con precisión o completamente explicado. Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón. Cuando el lenguaje usa estos símbolos como su forma de expresión, entonces estaremos hablando del lenguaje simbólico conceptual.

Para otros autores, el edificio entero del conocimiento humano se presenta, no como una vasta colección de informes procedentes de los sentidos, sino como una estructura de hechos que son los símbolos y de leyes que son sus significaciones. Los conceptos fundamentales de cada ciencia, los instrumentos con los cuales propone sus problemas y formula sus soluciones, ya no se consideran como imágenes pasivas de algo dado, sino como símbolos creados por el entendimiento humano. Por eso, las formas simbólicas son configuraciones hacia el ser.

Cada nueva forma simbólica, no solo en el mundo conceptual del conocimiento, sino también en el mundo intuitivo, significan según Goethe, una revelación que brota del interior al exterior, “una síntesis del mundo del espíritu” que nos asegura verdaderamente la unidad originaria de ambas.

La historia del simbolismo muestra que todo puede asumir significación simbólica, los objetos naturales (piedras, plantas, animales, hombres, montañas, sol, luna, agua, fuego), o incluso formas abstractas (números, la Cruz, el triángulo, el círculo, etc.). De hecho, todo el cosmos es un símbolo posible.

El simbolismo masónico, no señala que el significado que le demos a cada símbolo dependerá directamente del conocimiento y de la cultura de quien accede a él. Por lo tanto, el éxito del trabajo iniciático no depende de otra cosa que de la capacidad del iniciado para penetrar la naturaleza del símbolo, y aprehender aquel lenguaje con el cual reinterpreta el mundo, pero lo que es aún más importante, se reinterpretará a si mismo, convirtiéndose en el artífice de su propio templo espiritual  y de la sociedad íntegra.

Es así como llegaremos a descubrir la naturaleza esencial de toda la humanidad, más allá de cualquier sectarismo, y así llegar finalmente a la comprensión y práctica de la fraternidad universal.

Pero no olvidéis QQ:.HH:. que el simbolismo es sólo un lenguaje, un medio para lograr los objetivos de la masonería, no el objetivo en sí.

CONCLUSIONES

Como se desprende de lo planteado  anteriormente, la esencia de la masonería en el ser humano es el proceso iniciático , que es un proceso que busca el fortalecimiento de la libertad en cada individuo, necesaria para cuestionarse las propias creencias, superar los prejuicios, culpas y temores que obstaculizan el camino del autoconocimiento y del crecimiento espiritual. Es decir, aquella libertad que rechaza los conceptos inmutables e imperceptibles impuestos al ser humano por autoridades ajenas a su propia conciencia, aquella en que todos los conocimientos del hombre deben ser sometidos a su libre examen y reflexión. Ser un libre pensador, que juzga por sí mismo las cosas, y que busca afanosa e incesantemente la verdad. Pero que debe ser un individuo abierto al mundo y dispuesto a mudar de pensamientos y la verdad encontrada así lo amerita.

Sólo puede ser plenamente libre quien actúa con responsabilidad y conocimiento. Pero, como decía Confucio: “la esencia del conocimiento es poseerlo para aplicarlo”. Es decir, el esfuerzo intelectivo es necesario pero de nada sirve si no va seguido de una acción en consecuencia, es decir, de un actuar libre. Por lo que un acto libre implica intrínsecamente un sujeto capaz de entender, de lo contrario, no sería libre.

Es por ello que podemos decir que la libertad fundamental del individuo es aquella que se genera en la subjetividad, en el individuo que conoce y entiende, en cuanto es la más radical. Es decir, aquella libertad que requiere como correlato esencial el conocimiento. Por lo tanto, nuestra libertad termina sólo donde comienza nuestra ignorancia.

En definitiva, la dignidad del hombre está, no en lo que es por naturaleza, sino en lo que puede llegar a ser según su libertad y acción.

Es mi palabra

C. D. D.

M:.M:.

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