Cosmogonía y Cosmovisión del pueblo Mapuche

Rep:. Logia Conde Saint Germain Nº 8

Cosmogonía y Cosmovisión del pueblo Mapuche

Hoy, en la celebración del aniversario  la Respetable Logia Conde Saint Germain N°8, consideramos una buena ocasión para remontarnos un poco en el pasado, recordando y  conociendo aspectos de nuestra cultura mapuche, pueblo a lo mejor olvidado, que habitaba esta tierra desde tiempos inmemoriales.

El 2008 de la era profana ha sido un año de fuertes conflictos que han protagonizado miembros y representantes de la nación mapuche. Recibimos las informaciones y las vinculamos al saber adquirido sobre el tema, un saber que es como pequeñas piezas de un rompecabezas incompleto. En el interés masónico de buscar conocimientos sobre el universo que nos rodea para acercarnos a la Verdad, hemos trazado este trabajo con el que pretendemos dar un estudio más completo sobre la Cosmovisión del pueblo Mapuche. Es decir, sobre el conjunto de opiniones y creencias que construyen el concepto del mundo que tienen los mapuches, y a partir del cual interpretan su propia naturaleza y la de todo lo existente.

            En el sentido interpretativo, la experiencia vital de los mapuches, su historia, sus actitudes y, por ende, los conflictos que conocemos, se basan no sólo en decisiones racionales, sino también en componentes emocionales, morales y vivenciales, derivados de los principios de la sociedad y de la cultura en la que se formaron..

            Sólo el conocimiento integrado de su historia y de la cosmología de sus creencias, nos permitirá acceder a una visión cabal de su mundo y a la comprensión de su forma de ser, de sentir y de enfrentar la vida.

            Doscientos años antes de la conquista española, la región comprendida entre los ríos Itata y Toltén fue invadida por un pueblo nómade, según algunos ellos provenían de las pampas argentinas, según otros -partidarios de la teoría autoctonita- eran nómades del propio territorio chileno.

Este pueblo eran los mapuches. Aquellos que, con gran espíritu guerrero, atajaron primero los ímpetus expansionistas de los ejércitos incaicos, y después la invasión conquistadora de los españoles, quienes, luego de abatir el Imperio Inca, intentaron infructuosamente aumentar su dominio sometiendo también a este grupo. Esa ambición les costó más sangre que toda la conquista de América, pues se encontraron con el frente que presentó la mayor resistencia a la invasión del nuevo mundo.

            ¿De dónde proviene la energía de esta resistencia que se ha mantenido durante 500 años casi sin variar? ¿Cómo se generan los bríos que han permitido esta supervivencia a través de los siglos? Quizás el secreto de esta fuerza está en la visión cósmica del mapuche, que no aplica la lógica de dos zonas, el mundo natural y el sobrenatural, sino que considera el sobrenatural tan real y tangible como el natural.

            Por eso, vive con igual intensidad su historia y sus creencias.

            Nosotros en cambio, culturalmente tan diferentes, nos vemos obligados a abordarlos por separado para comprender su sentido global.

DESARROLLO

Durante siglos de lucha encarnizada, el pueblo mapuche fue reconocido como nación por parte de España. De esta forma, la corona española admitía que nunca logró someterlo, aunque sí diezmaron su población tanto por las armas como por las enfermedades traídas de Europa.

            En mapudungun el término mapuche significa gente de la tierra, de mapu: tierra y che: gente, personas. La denominación araucanos, hoy en desuso, proviene del nombre Araucanía que los invasores hispanos dieron a la zona.

Antes de la llegada de los españoles su población sumaba más de un millón de personas, distribuida  en los hulliches u hombres del sur, picunches u hombres del norte,  y pehuenches, hombres del pehúen o araucaria, que habitaban los valles cordilleranos en la zona de Temuco.

Su organización social estaba radicada en la familia, que se componía del padre, una o varias esposas y sus hijos. El tener varias mujeres no era un lujo sino un factor de importancia económica, pues eran ellas las que cultivaban la tierra y hacían las cosechas de una agricultura incipiente, cultivaban maíz y papas, tejían, preparaban la piel de losanimales que cazaban los varones, y practicaban la alfarería. Todas las tareas productivas estaban en manos de las mujeres. Además, eran ellas las encargadas de criar los hijos y enseñar a las niñas todos estos quehaceres tradicionales, relativos a su sexo.

Desde pequeños estaban en contacto con la naturaleza; a contar de los doce años las niñas, catorce años los varones, comenzaban su aprendizaje de las reglas sociales y valóricas denominadas Ad Mapu.

La principal preocupación de los varones era la lucha, la caza, los ejercicios físicos y la preparación para el uso de las armas.

Los ancianos se encargaban de enseñar a hablar en público y a memorizar. Los juegos atléticos como la chueca, levantamiento de troncos, piedras, los que  se practicaban continuamente, hasta que llegaba el momento en que se rendía una prueba de valor y destreza, para pasar a la casta de guerreros. Respetados y altamente considerados, eran los responsables del traspaso, en forma oral, de las tradiciones, la sabiduría y las costumbres.

Los mapuches han pasado a la historia como un pueblo de altas dotes militares. No obstante, antes de la llegada de los españoles, estaban lejos de constituir una sociedad guerrera, ya que no existía razón para ello; no había disputas en la zona por la propiedad territorial, ni por escasez de alimentos, ni esclavitud.

A fin de contrastar las embestidas del enemigo, los mapuches aprendieron a conocer la lógica de guerra del contrincante y no sólo se apropiaron de los conocimientos bélicos y de sus armas, sino también de sus caballos. De este modo, se convirtieron en un pueblo de diestros jinetes, identidad étnica adquirida que se mantiene hasta el día de hoy.

La imbatible resistencia y, más tarde, la sublevación victoriosa de Pelantaro en 1602, fijaron la frontera militar entre españoles y mapuches en el Río Bio Bio.

Entre los grandes guerreros de este pueblo destacan Caupolicán, Lautaro, Colo-Colo, Galvarino, entre otros. Cabe destacar a Lautaro, líder mapuche héroe por su lucha contra la conquista española, hijo del cacique Curiñanca. Hacia 1550 estuvo de mozo en casa de Pedro de Valdivia, con el nombre de Felipe, donde aprendió a montar caballos y conoció la forma de practicar la guerra por parte de los españoles A los 18 años huyó a juntarse con su pueblo a quienes enseñó lo aprendido, organizó a sus guerreros y combatió a los españoles. Capturó y dio muerte a Pedro de Valdivia, pero fue luego derrotado y muerto. Su nombre y ejemplo fue usado posteriormente por los independistas de América para formar las logias Lautarinas, que surgieron para lograr la independencia de Latinoamérica.

En los siglos siguientes, los españoles fueron cautelosos en adentrarse en territorio mapuche. Volvieron cuando se impusieron las ideas del sacerdote Bartolomé de Las Casas quien, unido a los jesuitas, impulsó la llamada Guerra Defensiva, que llevó a cabo en Chile el sacerdote Luis de Valdivia. La estrategia consistía en eliminar todos los métodos violentos de conquista, pacificando a los insurgentes a través de la evangelización.

Pero los mapuches rechazaron también esta forma encubierta de dominación, y la enfrentaron, dando muerte a los tres sacerdotes de una de las primeras avanzadas. El hecho puso fin a uno de los proyectos más optimistas y menos violentos de los invasores para someter Arauco.

El regreso de los combates ofensivos significó la captura y esclavización de indígenas.

COSMOVISION MAPUCHE

Mitología Mapuche

En la mitología Mapuche, no existen registros escritos de las antiguas leyendas y mitos antes de la llegada de los españoles. Sus creencias religiosas han sido siempre, hasta nuestros días, transmitidas oralmente, lo que deriva en que sus creencias se caractericen por no ser totalmente homogéneas, sino, plenas de variaciones y diferencias entre las distintas etnias aculturadas por los mapuches.

Las creencias religiosas y mitos de los Mapuche se destacan por presentar características únicas, que están en razón directa con el mapuche y su idiosincrasia, su moral, su vida social y principalmente sobre su visión cosmológica.

Cosmogonía Mapuche

La cosmogonía mapuche ubica su propio origen después de un diluvio provocado por la gran serpiente de los mares, Kai. La otra gran serpiente, la de la tierra, Ten (o Tren) que habitaba sobre los volcanes, aconsejó a unos pocos hombres de subir hasta las cimas para protegerse. Todo quedó inundado y todo comenzó de nuevo con el gran diluvio.

Más tarde, los propios mapuches, según el pensamiento de las machis, interpretarían este suceso como un fenómeno que se repite a lo largo del tiempo, como una limpieza y una renovación macro estacional. Los conquistadores españoles fueron el equivalente al diluvio, el desastre que provocó una limpieza donde debían perecer incluso algunos mapuches, ayudando a limpiar el territorio de hombres impuros.

Los que no pudieron salvarse fueron peces, rocas, y aquellos hombres que estuvieron más cerca del fuego solar, quedaron cobrizos. Los que se salvaron hicieron sacrificios, así el agua se calmó y las montañas también. Los que quedaron ilesos bajaron los cerros, se esparcieron por el mapu y poblaron los valles. Así, dicen, nacieron los mapuche, la “gente de la tierra”. 

Existe una segunda leyenda cosmogónica, menos conocida, que describe el origen de los hombres en el mapu y lo sitúa antes del advenimiento del pueblo mapuche como sobreviviente del diluvio. Estos primeros hombres no son llamados mapuche. Se dice que antes de poblar la tierra los seres miraban desde arriba y veían todo desierto, hasta que les fue permitido enriquecerla con innumerables formas distintas, hechas con el material de las nubes. Luego bajaron los hombres del cielo, conociendo el lenguaje de la naturaleza, y trajeron el idioma mapuche, que es el mismo que se habla en el cielo. Con el tiempo estos hombres resultaron todos blancos, y atados a la tierra. Querían volver, pero tenían miedo. Los espíritus les prometieron que los harían regresar al cielo en el futuro, y les aconsejaron: “no pierdan jamás de vista al sol cuando se levanta y se acuesta, y si necesitan ayuda griten Oooomm, oooommm.

Por eso los humanos vienen del cielo y volverán a reunirse con los puntos luminosos del cielo nocturno. El lenguaje de la naturaleza se va perdiendo en los hombres, el miedo en ellos va aumentando, y todo degenera. Entonces se hace necesario el diluvio, que limpia la naturaleza y mantiene vivos a los mejores.

Divinidades y espíritus de los antepasados

Las creencias religiosas mapuche se fundamentan principalmente en el culto a los espíritus de los antepasados, sean éstos míticos o reales, y a los espíritus y elementos de la naturaleza.

 Estos espíritus no corresponden a divinidades, como comúnmente se entiende en el mundo occidental. En la religiosidad mapuche más antigua no existe un espíritu principal que sea considerado “Dios” supremo, creador del universo y del hombre. Sin embargo, la palabra Ngenechén es traducida como “Dios”. Esta relación Dios-Ngenechén, se trataría de una equivalencia forzosa, creada por los jesuitas en su afán misionero en los siglos XVII y XVIII, con el fin de hacer más comprensible el concepto de cristiano. La influencia jesuita creó un gran número de equivalencias que realmente no corresponden como tal, pero que fueron absorbidas por la cultura mapuche, naturalmente sincrética, generando con ello una enorme confusión y alteración que hasta la actualidad no se logra superar.

La visión mapuche del mal y del bien no está tan radicalmente contrapuesta, así los wekufepueden actuar para bien y los Pillán para mal, sin que se produzca confusión alguna entre estas dos clases de espíritus.

Los espíritus antiguos, existentes antes de la creación del Mapu, comprendían y estaban representados en los El, ngen, pillanes y wangülén, quienes están hechos de luz, pasión, intuición, sueño y comprensión. Todos ellos están relacionados con el Pu-am, el ánima universal que permean todo lo viviente, que participa de todos ellos y en donde todos ellos son parte de él. Y todos serían seres sin edad, porque son muy antiguos, pero jóvenes a la vez.

Los volcanes son reverenciados, ya que son considerados benéficos, por representar  el lugar donde viven los espíritus de los ancestros.

El ánima y la muerte del ser humano

Para el mapuche el ánima del ser humano siempre vive en íntimo contacto con la naturaleza y, sobre todo, con los árboles. De allí la razón de la celebración de todos sus rituales en los claros entre los árboles. Antes que todo, existe el Pu-Am, ánima universal de la que se desprende la de cada hombre, el Am, que acompaña el cuerpo hasta que muere. Pero no solamente el ser humano tiene su Am, todo ser viviente posee su propia ánima. Solamente los Wekufe no poseen ánima.

Cuando ocurre la muerte carnal del hombre, su Am se convierte en Tu Pijá y se resiste a alejarse de su cuerpo. El estado de Tu Pijáes muy peligroso, pues el Wekufe puede adueñarse de esa ánima y esclavizarla, o ser usada por los Calcu. Para salvarse tiene que viajar a la isla de Ngill chenmaiwe y con la ayuda de las Trempulcahue, se convertirá en Alwe. Por esta razón,  en el funeral los parientes y amigos del difunto tratan de ahuyentar su ánima con gritos y golpes. Bajo la forma de Alwe, el ánima podrá regresar cerca de sus seres queridos sin que los Wekufe puedan amenazarla.

Finalmente, con el transcurrir del tiempo, cuando ya los descendientes del muerto han perdido la memoria del difunto, su Alwe vuelve a reunirse al Pu-Am y así el ciclo alcanza su conclusión.

El recorrido espiritual del ser humano

Para la cultura mapuche, el ser humano debe recorrer un camino que le permita conquistar el conocimiento en sus cuatro formas: la creatividad, la imaginación, la intuición y la comprensión. Si el ser humano logra cumplir con este camino, alcanza el conocimiento de su propio ser y de su rol, es decir, se adueña de su propio filew y en la conclusión de su vida terrenal puede convertirse en un pillán.

Por lo tanto, no hay una separación neta entre el espíritu divino y los seres humanos. No solamente porque los humanos han sido engendrados por los espíritus, sino porque pueden ellos mismos convertirse en pillán si son hombres, o en wangulén si son mujeres y llegar así a vivir en el wenumapu.

De aquí la importancia extraordinaria en la cultura mapuche del respeto hacia los padres y especialmente a los abuelos, establecido como el primero entre todos los deberes del Admapu o conjunto de las tradiciones. Para que el ánima de un ser humano pueda convertirse en pillán o en wangulén, debe de existir una gran descendencia que siga recordando y honrando su memoria. Por lo tanto, tener numerosos hijos que a su vez engendren un gran número de nietos es una necesidad fundamental para cada mapuche. Al contrario, no tener descendencia es para el mapuche un verdadero drama, ya que queda comprometida la posibilidad de cumplir con su filew y de alcanzar al wenumapu.

En la visión del mundo Mapuche, los espíritus de los antepasados, los Pillán, y los numerosos Ngen intervienen muy a menudo en los asuntos humanos a través del dominio de las fuerzas naturales. Los Pillán premian a quienes que se mantienen fieles al Admapu a través de los frutos de la naturaleza, mientras los Wekufe o Calcu castigan con la sequía o las inundaciones, los terremotos y las enfermedades.

Cosmovisión

La etnia Mapuche representa al mundo en forma de naranja, de la cual sólo la mitad se puede apreciar por quienes viven en este mundo. La enseñanza de su cosmovisión dada a los niños, la realizan mediante el kultrún.

Los puntos cardinales quedarían definidos en el mapu de la siguiente manera:

Puel mapu, Este        : Lugar de dioses, espíritus benéficos, antepasados, rogativa a los dioses, ayuda divina.

Willi mapu, Sur         : Lugar de buena suerte.

Piku mapu, Norte     : Lugar de mala suerte.

Lafkén o Nau mapu, Oeste: Lugar de espíritus del mal.

Concepción colorista del cosmos

Entre los mapuche, el color está íntimamente asociado a la visión del cosmos y sus respectivas plataformas.

Adoraban el color azul; tenían un mítico rey azul, Chao Kalfú, a quien imitaban pintándose la cara con rayas azules; usaban mucho y hasta hoy el poncho azul con dibujos de colores. Las tinturas azules relacionaban los distintos azules del cielo, las aguas y los seres humanos.

Es fundamental tener en cuenta la correspondencia simbólica del cielo y la tierra para comprender la cultura mapuche; debe haber siempre un equilibrio entre los dos mundos: el mundo de las almas y el mundo de los humanos.

El elemento agua es central en el pensamiento mapuche; el gran río de la tierra, el Futaleufú tiene su imagen, o viceversa, en el gran río del cielo: Huenu Leufú o la vía láctea.

El color Negro (kurü) simboliza a la noche, la oscuridad y las tinieblas; a la brujería, los espíritus del mal y la muerte. El negro compacto utilizado como único color en la vestimenta, es considerado sospechoso por asociarse al Calcu o al wekufe.

El color Rojo (kelü) se asocia a la lucha o pelea, al belicismo o guerra (aukán) y a la sangre (mollfüñ); el rojo es color prohibido en el Guillatún. Sin embargo, el rojo también posee connotaciones positivas al relacionarse con las flores del campo y, en especial, con el copihue mapuche.

El color Verde (karü) simboliza a la naturaleza en todo su esplendor y exuberancia; es el color de la germinación de la tierra y, por ende, de su fertilidad y el color de la propia tierra.

Los colores de la bandera que comenzó a regir en el año 1991, fecha en que  la organización mapuche Aukin Wallmapu Ngulam (Consejo de Todas las Tierras) hizo un llamado a la nación mapuche para diseñarla, tienen un significado especial.  El azul simboliza la vida, y el universo. El color blanco: limpieza, curación y es el símbolo de la sabiduría y la prosperidad. El amarillo simboliza la renovación y el sol. El rojo es la fuerza y el poder, y simboliza la historia. El verde es tierra, naturaleza, fertilidad, poder de curación y simboliza a la machi. El kultrun representa a los 4 puntos cardinales y es símbolo de la sabiduría universal. El gemil representa a la ciencia y el conocimiento, y simboliza a la escritura.

Ritos mapuches

En el aspecto ritual, la religiosidad mapuche no se expresa por medio de templos u otras construcciones con carácter sacro, al contrario, se traduce en un íntimo contacto con la naturaleza, la Ñuke Mapu. Un claro en el bosque, rodeado por árboles, comúnmente canelos y purificado a través de bailes rituales, es para ellos el templo más sagrado. La sola construcción que admiten es el rewe, un tronco de canelo en el cual han sido labrados unos altos peldaños que representan los siete poderes y permiten al oficiante, la Machi o el Ngenpin, subir a su ápice. Mide de 3 a 4 metros y se ubica en la tierra en posición semi vertical apuntando al este, donde cada día nace el sol.

Al  foiye, árbol sagrado de los mapuches, lo llamaron Canelo debido a su parecido con el árbol de la canela. Es un árbol que alcanza unos 30 metros de altura. Es rico en vitamina C, aceites esenciales, sustancias antibacterianas, sales de hierro y calcio. Lo usan para limpiar heridas, contra el reumatismo, afecciones estomacales, dolores de garganta, sarna, tiña y últimamente han descubierto en el Canelo propiedades para el tratamiento del cáncer.

El Canelo y la Machi constituyen en la cultura mapuche un sólo ser. Cada machi planta su propio canelo y si alguien lo corta o lo destruye, la machi morirá inevitablemente. El ramo de Canelo es signo de paz y aunque sea entre los enemigos le dan paso al mapuche que lleve en sus manos un ramo de Canelo.

El kultrún, o tambor de las machis, debe ser hecho por un artesano que conozca la cultura mapuche.  El cuerpo o vasija del instrumento lo talla o ahueca en un tronco de canelo o laurel. Debe cortarlo en el püken (tiempo de lluvias) y antes de talarlo pedirle permiso a la naturaleza. Luego, corta un cuero de chivo en forma redonda y después lo hierve, raspa con piedras y soba una y otra vez para darle la  flexibilidad suficiente. Corta  tiras largas de cuero o crin de caballo para trenzarlo y preparar el encordado que unirá finalmente el cuero con la  madera. Dentro del tronco ahuecado se depositan  semillas o un puñado de tierra para la fertilidad, cereales para la abundancia, monedas para la prosperidad y yerbas medicinales para la buena salud. Tiene impresos los cuatro puntos cardinales y mediante su sonido se congregan los mapuches alrededor del rehue para el rito de comunicación con los antepasados. La gente baila hasta que la machi entra en trance, su voz se transforma y empieza a hablar en una lengua extraña que nadie conoce, salvo un traductor oficial, el dungu machife, que va traduciendo en cantos lo que la machi va diciendo.

Dicho lenguaje en trance es semejante al onírico. Los mapuche son grandes estudiosos de los sueños, siempre interpretados como mensajes provenientes de los pillanes. Todo acontecimiento importante siempre es precedido por un sueño. A veces el rito es un llamado de los pillanes a resistir a los huincas, y es cuando se previene del gran diluvio que los expulsará.

El Calcu, la maldad, es lo que provoca enfermedades, enemistades, desequilibrios y catástrofes naturales. Para restablecer los equilibrios se sacrifican animales, un toro negro o un animal de lana blanca, en caso de sequías, por ejemplo. Esto da ocasión a restablecer las relaciones sociales entre los hombres. El ritual o la ceremonia de comunicación con los pillanes se denomina Nguillatún y, para restablecer los equilibrios, hay una etapa denominada Conchotún (de Concho, amigo íntimo, compadre), en la que las personas se hacen regalos, se abrazan, se dicen palabras bellas y se ofrecen alimentos mutuamente.

La sanación de las personas también consiste en un restablecimiento de los equilibrios rotos; para ello se hace un rito llamado machitún, donde la machi restablece el equilibrio psicológico y social mediante ritos de carácter simbólico, acompañado del restablecimiento del equilibrio físico, para el cual ofrece preparaciones con hierbas.

La aparición del huinca, quien es considerado extranjero y ladrón, significa el inicio de la ruptura entre el cielo y la tierra, el desequilibrio, haciendo perder a los hombres la capacidad de seguir los signos de los pillanes y de la naturaleza. Jugando a la chueca  podían decidir posteriormente en un cahuín (reunión) cuando llevarían a cabo el ataque a los huincas que, como el diluvio, los arrasaría de la tierra.

CONCLUSIONES

La masonería al igual que el pueblo mapuche tiene mucho en común y son  coincidentes en varios aspectos. Ambos aplican procesos iniciático para hacer crecer el espíritu de hombres y mujeres. Para lograr su objetivo se basan en la aplicación de un ritual. Hacen alusión a los cuatro elementales y fundamentalmente a la NATURALEZA, dejando muy en claro que los hombres y mujeres con su soberbia y orgullo, nunca podrán pasar sobre ella y olvidar nuestra verdadera raíz del ser. La relación de hombres y mujeres con su entorno y la naturaleza debe ser en  completa armonía.

Los símbolos que aparecen en el Kultrún significan la vida (las cruces girando o esvásticas) y se encuentran también representados el Sol y la Luna. Las “Y” ejemplifican la “pisada del pollo”, cada pisada es un día y el año se divide entre los cuatro grandes días o pisadas del pollo (Solsticio de Invierno, Equinoccio de Primavera, Solsticio de verano y Equinoccio de Otoño). Algo conocido por nosotros los masones.

Lo que nos diferencia un poco con el pueblo mapuche es en la representación de los símbolos. En masonería su relación hombre, cosmos y universo está dentro de un templo. El espacio físico sagrado del pueblo mapuche es la naturaleza misma.

En la visión Mapuche, el hombre no está sobre la tierra, el hombre es parte de la tierra y la CHE -gente- vive en armonía y equilibrio con la Tierra, con el elemento que compone nuestro SER.

Queridos hermanos y hermanas, hoy mediante este sencillo pero esmerado trazado arquitectónico realizado con mucho esfuerzo por nuestra respetable Logia en su aniversario, hemos intentado sólo abrir aún más nuestras mentes y conciencias, darnos cuenta que existe una visión diferente de ver nuestro entorno y su naturaleza. Con una tierra tan linda, llena de todo los paisajes y climas del mundo, es en verdad una Madre Tierra soñada, una Patria llena de magia y vida que nos invita a conocerla un poco más, respetarla y quererla, quizás incluso hasta que  algún día  lleguemos a ser pu kimche (individuos sabios), y comprender un pichintún las leyes que rigen nuestro destino, regalándole de esta manera un mejor mundo a nuestros pichiches, que vendrán.

Trabajo  de aniversario presentado en una Tenida del 07 de Junio de 2008.

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